Para acabar con Eddy Bellegeule – Édouard Louis

Para acabar con Eddy Bellegueule_135X220Desde que leí una entrevista que le hicieron al autor por la publicación de esta obra, quise leerlo. Me encontré con él por casualidad, sumergido en una cautivadora librería de segunda mano. La publicación en Francia, país de origen del autor y protagonista, fue un éxito además de estar envuelto en una gran polémica debido a su truculenta historia personal y familiar.

Edouard Louis, conocido como Eddy Bellegeule en su juventud, un apellido que evoca a las fauces de los animales según explica la traductora española, es el protagonista de este relato autobiográfico. El pequeño Eddy nació en el sitio equivocado, pasó, o más bien sufrió, su infancia en un pequeño pueblo en el norte de Francia. Un ambiente hostil para alguien como él, un chico amanerado y con poco interés en las aficiones y costumbres de sus familiares y vecinos, un estilo de vida burdo y provinciano.

Él era diferente, y se daba cuenta. No solo se daba cuenta sino que el mundo que le rodeaba se lo hacía saber de una forma cruel y desdeñosa para un niño. Un niño que crece y hace propio el deseo de sentirse aceptado, así intenta deshacerse de sus instintos más profundos solo para encajar, para integrarse en una sociedad que ni él mismo entiende.

Édouard describe una sociedad rural que puede parecer de otra época para la mayoría de personas que lea sus palabras, un ambiente poco frecuente -quiero pensar- en un país desarrollado en pleno siglo XXI a pesar de encontrarse en el país de la liberté, égalité fraternité. Los personajes que habitan el mundo que rodea al joven protagonista, extraídos de un mundo completamente real, aborrecen a aquellos que son diferentes; el racismo, el machismo y la envidia se encuentran presentes en el día a día del pequeño pueblo. Todo esto podría haber servido de excusa para cargar contra todo ser viviente que le dificultó la existencia durante los primeros años de su vida, pero el propio Eddy ha sabido como describírnoslo sin hacer hincapié en el odio y el rencor que el muchacho haya podido sentir durante todo su padecimiento.

“Pero, a fin de cuentas, como era el raro del pueblo, el afeminado, despertaba cierta fascinación divertida que me ponía a buen recaudo, igual que a Jordan, mi vecino de la Martinica, el único negro en kilómetros a la redonda,  a quien le decían Es verdad que no me gustan los negros, ahora ya no ve uno más que negros que causan problemas en todas partes, que pelean en guerras de sus países o que vienen aquí a quemar los coches, pero tú, Jordan, estás bien, no eres como los demás, y nos caes bien”

La lectura de esta novela me cautivó desde sus primeras líneas. Debido a su corta extensión, pude leerlo tranquilamente en un par de tardes, hipnotizándome con cada una de sus palabras en un relato duro y directo, protagonizado por personajes con nombre propio. El único “pero” que podría señalar sería la estructura del libro, esta no sigue una línea cronológica clara, el autor va narrando sus vivencias de una forma desordenada, algo que no es excesivamente molesto pero que me ha provocado alguna confusión de lector despistado.

La historia me ha recordado a una de mis películas favoritas de mi infancia: Matilda, inspirada también en un libro del famoso escritor Roald Dahl, de título homónimo al de la película. Así que si tú también has disfrutado de esa película –quizás también del libro, no lo he leído aún- y de su historia de injusticia y opresión, podría interesarte Para acabar con Eddy Bellegeule.